El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, viaja a Washington con una propuesta que combina recursos estratégicos, inversión y geopolítica: ofrecer cooperación a Estados Unidos en la explotación, industrialización y suministro de tierras raras, minerales críticos para la economía tecnológica del siglo XXI.
Las tierras raras se han convertido en uno de los recursos más disputados del planeta. Hoy, China domina buena parte de la extracción y procesamiento global, lo que genera preocupación en Washington por su dependencia estratégica.
La iniciativa también tiene una dimensión económica interna. El gobierno brasileño procura atraer inversiones, tecnología y financiamiento para desarrollar su industria minera con mayor valor agregado, evitando limitarse a la exportación de materia prima sin procesamiento.
En el plano diplomático, el movimiento refuerza el pragmatismo de la política exterior de Lula: negociar con Washington sin romper vínculos con Beijing, principal socio comercial de Brasil. El equilibrio entre ambas potencias aparece como un eje central de su estrategia internacional.