Estados Unidos y Taiwán alcanzaron un nuevo acuerdo comercial orientado a reducir aranceles y fortalecer el intercambio bilateral, en un movimiento con fuerte peso geopolítico y económico en la región Asia-Pacífico.
El entendimiento contempla la baja de barreras comerciales para determinados productos, junto con el compromiso taiwanés de ampliar la compra de bienes estadounidenses, especialmente en sectores estratégicos como tecnología, energía y manufacturas avanzadas. La iniciativa busca equilibrar la balanza comercial y consolidar cadenas de suministro consideradas críticas por Washington.
Además del componente económico, el acuerdo tiene una clara lectura política: profundiza la cooperación entre ambas administraciones en medio de la creciente disputa de influencia con China. Para la Casa Blanca, reforzar la relación con Taipéi implica asegurar aliados en la región y reducir dependencias industriales sensibles.
Desde Taiwán, el pacto es visto como una oportunidad para garantizar acceso preferencial al mercado estadounidense, sostener su competitividad exportadora y blindar su posicionamiento internacional en un contexto de presión diplomática de Beijing.