El Congreso de Perú destituyó al presidente José Jerí apenas cuatro meses después de haber asumido el cargo, profundizando la inestabilidad política que atraviesa el país en la última década. La decisión se produjo tras prosperar una moción de censura impulsada por distintas bancadas en medio de cuestionamientos por reuniones clandestinas del mandatario con empresarios chinos investigados.
La destitución se dio con 75 votos a favor, 24 en contra y 3 abstenciones.
El caso, conocido mediáticamente como “Chifagate”, estalló luego de que se difundieran imágenes de Jerí ingresando encapuchado a un restaurante de Lima fuera del horario habitual, donde habría mantenido encuentros reservados con empresarios vinculados a negocios de seguridad, energía e infraestructura. Posteriormente se conocieron más reuniones, incluso con un empresario ligado a una presunta red de tráfico ilegal de madera, lo que agravó las sospechas.
El presidente negó haber cometido delitos y calificó los hechos como “errores de forma”, pero las contradicciones en sus versiones y el impacto público del escándalo erosionaron su respaldo político. Encuestas recientes mostraron un fuerte deterioro de su imagen: un 68% de la población consideraba que era sospechoso de actos de corrupción.
La votación parlamentaria se dio a pocas semanas de las elecciones generales previstas para abril, en un clima de alta tensión entre fuerzas políticas que disputan el control del próximo Congreso. Algunas bancadas intentaron frenar la destitución para evitar mayor inestabilidad, pero no lograron reunir los votos suficientes.